Kuala Lumpur y Singapur pueden parecer dos ciudades similares, y sin embargo son dos mundos aparte. Kuala Lumpur, la capital de Malasia, es un caos de edificios modernos y puestos de comida callejera en hojas de plátano. En Singapur, por lo contrario, reina el orden más absoluto en calles limpias sin un solo papel. Tanta es la obsesión aquí por la cosmética, que la venta de chicles es ilegal desde hace décadas y el tráfico de drogas conlleva pena de muerte.